FuEgOs De AcErO

FuEgOs De AcErO

jueves, 12 de agosto de 2010

Volvía a casa entre disparos y engañadas multitudes  ciegas en su tormenta, amado pueblo mío.  Qué trágico, qué duro, qué cruel nuestro destino  de arar sobre el mar y que la luz te enlute.    Desasosiego físico, que podía palpar  como un dolor de muelas en el alma,  me saturaba el cuerpo: zozobra que era náusea,   entre certeza y duda de tu verdad mañana.    Yo soy mi pueblo ciego con los ojos abiertos.  Mi pueblo luminoso embarrado de sombra.  La realidad y el sueño, la raíz y el lucero.  La guitarra que siembra la semilla del alba.    Por igual me dolían la bala y el herido.  Tu día levantaba sus blancas torres altas  lúcidas de esplendor, oh recio pueblo mío,   si tu noche invadíame con pirámides truncas.    Sólo soy la guitarra que canta con su pueblo.  Aliento de su barro mi voz suya. 

En algún lugar   tiene que haber un rayo de luz   que disipe las tinieblas del futuro   una esperanza   que no se deje matar por el desencanto   y una fe   que no pierda inmediatamente la fe en si misma    En algún lugar   tiene que haber un niño inocente   al que los demonios no han conquistado aún   un frescor de vida   que no espire putrefacción   y una felicidad   que no se base en las desgracias de los demás.    En algún lugar   tiene que haber un despertador de la sensatez   que avise el peligro de los juegos autoaniquiladores   una gravedad   que se atreva a tomarse en serio   y una bondad    cuya raíz no sea simplemente maldad frenada.    En algún lugar    tiene que haber una belleza   que siga siendo belleza   una conciencia pura   que no oculte un crimen apartado   tiene que haber   un amor a la vida   que no hable con lengua equívoca   y una libertad   que no se base en la opresión de los demás. 

Puedo daros palabras que no tienen   significado vivo en vuestro oído,    palabras sin semilla y sin consuelo   que den calor y tono a vuestra vida;    palabras, no cuchillos para el nudo    hecho de hambres y de miedos que os amarga   sin dejaros volar ni estar en claro   dando a cada pregunta su respuesta;    palabras, no barrenos que os alumbren,   desgarrándoos, la luz que lleváis presa   bajo un montón de siglos de injusticia,   la luz de la libertad que nos puso   para hacernos distintos de las bestias;    palabras, no caminos para el paso   por donde yo quiero que el hombre vaya   a encontrarse consigo en paz consciente   siendo el hombre sagrado para el hombre 

cuando mis huesos se hayan esparcido   bajo la tierra madre;    cuando de ti no quede sino una rosa blanca   que se nutrió de aquello que tú fuiste   y haya zarpado ya con mil brisas distintas   el aliento del beso que hoy bebemos;    cuando ya nuestros nombres   sean sonido sin eco   dormidos en la sombra de un olvido insondable;    tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,   como yo en el follaje del árbol   y nuestro amor en el murmullo de la brisa    ¡Escúchame!   Yo aspiro a que vivamos   en las vibrantes voces de la mañana.   Yo quiero perdurar junto contigo   en la savia profunda de la humanidad:   en la risa del niño,    en la paz de los hombres.    en el amor sin lágrimas.    Por eso,    como habremos de darnos a la rosa y al árbol,    a la tierra y al viento,    te pido que nos demos al futuro del mundo...